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 venerdì, 30 luglio 2010

Ecologismo

¿Por qué fracasa el ecologismo?


FORUM LIBERTAS EDITORIAL


foto4¿Por qué fracasa el ecologismo? (no confundir con la ecología que constituye un ámbito de las ciencias de la naturaleza). El ecologismo como idea política lleva a sus espaldas muchísimos años de presencia pública. Ha recibido, además, una atención creciente por parte de los medios de comunicación en términos mayoritariamente favorables, pero a pesar de todo ello, es, según el país, una opción políticamente marginal o minoritaria.
La reflexión de este hecho no es un tema menor porque encierra un problema más profundo relacionado con la causa de por qué no consiguen articularse políticas que relacionen mejor la situación del medio ambiente con la actividad de la sociedad humana, incluida como es lógico la económica. En parte, la causa radica en las exageraciones de buena parte de grupos ecologistas, pero seria simplismo fiarlo todo a tal idea. La razón fundamental consiste en que los planteamientos políticos medioambientales hasta hace relativamente poco, y aún ahora de una manera insuficiente, no han integrado bien el concepto económico de la utilidad de un bien que se expresa con claridad en la paradoja entre el agua y los diamantes.

El agua es un recurso necesario para la vida, primordial; los diamantes no, pero a pesar de ello son estos últimos los que alcanzan un gran valor en el mercado. La razón radica en que el valor de un bien no se encuentra tanto en su utilidad como en la escasez que posee en relación a un determinado uso. El agua es necesaria pero muy abundante, los diamantes no. Este sería precisamente el punto flaco de las políticas ambientales. Aire, agua, tierra, bosques, aparecen en abundancia y por ello es difícil ver reflejado el valor monetario que posee su gran utilidad. Sólo cuando su escasez resulte amenazadora tendrá una mejor relación utilidad y valor económico. De acuerdo con este planteamiento, hasta entonces no serían abordadas con eficacia las políticas tendentes a preservarlos y mejorarlos.
 
El problema es evidente, de una manera digamos 'espontánea' la economía de mercado solo regulará estos bienes adecuadamente cuando la gran crisis se haya producido. Las alternativas a esta situación básicamente son dos: Un gran intervencionismo en relación a ellos, es decir situarlos prácticamente al margen del funcionamiento de la economía de mercado, lo cual generaría unas distorsiones difícilmente asumibles; o bien, el diseño de mecanismos de mercados que generen valor monetario a dichos bienes. Es lo que se ha hecho con las emisiones de CO2 después de Kyoto.
 
Estos procedimientos, que aun deben perfeccionarse y mucho, tendrían verdadera utilidad si pudieran aplicarse a escala mundial, lo cual resulta improblable porque los intereses de los países desarrollados y los que quieren serlo, son antagónicos, al menos en primera instancia. En cualquier caso, nuestras sociedades se encuentran ante un nudo gordiano que es urgente y necesario cortar.
 
El Génesis define perfectamente cuál es el papel del hombre en relación a lo creado por Dios. El nos dice reiteradamente que es buena y nos hace entrega de su titularidad. Nuestro deber como el buen administrador de la parábola es acrecentar esta bondad o, como mínimo, mantenerla. La práctica enseña que estamos haciendo de manera acelerada todo lo contrario. Existe un déficit de sensibilidad de demasiados cristianos en torno a la protección y mejora del medio ambiente, y por ello es una exigencia que también en este ámbito nos pongamos las pilas.


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